RENACER
Este vestido surge de la unión simbólica entre el agua y el fuego, dos elementos opuestos que, al encontrarse, generan vida, transformación y fuerza. En su esencia habita la figura de una mujer guerrera, aquella que sabe ser calma y tormenta al mismo tiempo, que arde en pasión pero también fluye en resiliencia.
El corset representa la armadura: firme, protector, contenedor de la fuerza interior. Es la metáfora de la disciplina y la valentía de quien se atreve a luchar por sí misma. La falda de pliegues, en contraste, se abre y se mueve como un mar en constante oleaje; es la energía femenina que fluye, abraza y transforma.

Este vestido nace del concepto de la deidad azul, una figura que encarna poder, intuición y transformación. El azul, tradicionalmente asociado a la serenidad, toma aquí una nueva lectura: se convierte en un símbolo de fuerza interior, de una mujer que reconoce su divinidad y la lleva con elegancia.
Cada pliegue y cada brillo del diseño evocan el movimiento del agua profunda y la energía contenida en lo celestial. Es un azul que no busca pasar desapercibido; es un azul que se impone, que habla de una feminidad segura, consciente y libre.
El vestido celebra la unión desde la autonomía: una novia que elige este color rompe con lo convencional para declarar que su historia no empieza en ese día, sino que se expande. Ella no se entrega: se une desde su propio poder.
El diseño, con sus texturas satinadas y su estructura firme, refleja la dualidad de la mujer moderna: suave en su esencia, poderosa en su presencia. Este look convierte la figura femenina en un ícono, una diosa contemporánea que camina entre luz y sombra con absoluta autoridad estética.

Los textiles seleccionados para esta propuesta dialogan con la esencia misma del concepto: fuerza, divinidad y sofisticación. Cada material aporta una lectura simbólica y estética que construye el universo de la deidad azul.
El satín profundo, con su brillo líquido y su caída pesada, envuelve el cuerpo como una corriente celestial. Su superficie refleja la luz con la misma intensidad con la que una mujer poderosa refleja su propia historia. Es un tejido que combina suavidad y carácter, ideal para crear volúmenes que respiran movimiento y presencia.
El shantú satinado, utilizado en la estructura del corsé, aporta firmeza y elegancia táctil. Sus vetas sutiles y su rigidez medida recuerdan la armadura de una diosa: una protección simbólica que sostiene la figura mientras celebra la forma femenina. Este tejido no solo construye silueta; narra autoridad
El corset representa la armadura: firme, protector, contenedor de la fuerza interior. Es la metáfora de la disciplina y la valentía de quien se atreve a luchar por sí misma. La falda de pliegues, en contraste, se abre y se mueve como un mar en constante oleaje; es la energía femenina que fluye, abraza y transforma.
La perspectiva del color
LA VISIÓN DESDE EL COLOR
El azul, por su parte, introduce una lectura más introspectiva y emocional del concepto. Inspirado en minerales como la pizarra y el lapislázuli, este color funciona como símbolo de tranquilidad, profundidad y reflexión. En la colección, el azul suaviza la dureza del blanco y negro, aportando un equilibrio visual que conecta la piedra con el cielo, la materia con la atmósfera.
Desde lo sensorial, el contraste entre ambos mundos cromáticos genera una experiencia dual:
El blanco y negro transmite estructura, rigidez y claridad; representa la forma física de la roca.
El azul evoca fluidez, introspección y frescura, representando el agua, el aire y la energía contenida en la piedra.


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